Khol.

La leyenda dice que el Khol es un presente de Dios: Cuando el resplandor de Dios apareció sobre el monte de Sinaí, la montaña ardió y se calcinaron todas las piedras, y se transformaron en Khol…

Es considerado en el mundo árabe un elemento primordial para la seducción, especialmente cuando los ojos son la única parte del cuerpo que se puede mostrar.

Confiere poder, profundidad y misterio a la mirada, haciéndola única.

El Khol tiene virtudes terapéuticas, purifica el ojo, y cura la conjuntivitis y las irritaciones, pero también protege del viento arenoso y la luz ardiente de los desiertos. De hecho, los hombres y los niños, beduinos, bereberes y tuaregs, lo utilizaban también desde tiempos inmemoriales. Al séptimo día de nacer un bebé, se le ponía Khol para protegerle de la picaduras de mosquitos y de la conjuntivitis. Hoy en día, se sigue con esta tradición en algunas regiones de Marruecos.

El Khol es un polvo fino, su color varía entre el negro profundo y el gris. Se obtiene triturando el antimonio, un mineral metalizado.
La receta de ese polvo varía de Irak a Marruecos, cada región y cada mujer tenía su propia receta, sus propios secretos. Se mezclan los ingredientes y se trabajan con un mortero. Después se pone todo sobre el fuego y se vuelve a moler con el mortero, para terminar tamizándolo a través de una tela muy fina. En Marruecos, al Khol se le añade unas gotitas de aceite de oliva para hacerlo más suave.
A través de los tiempos, las mujeres árabes han guardado celosamente sus recetas de Khol, y lo han utilizado a diario, salvo cuando están de luto, debido a su carácter supremo de seducción.

En la actualidad, existe “Khol” en varios colores, pero no son naturales sino tintes sintéticos. El auténtico, el natural, siempre es de color gris oscuro o negro.

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